Se estima que hasta el 50% de los pacientes con trastornos asociados al latigazo cervical (WAD) siguen experimentando síntomas un año después de la lesión. Entre los síntomas crónicos más comunes del WAD se incluyen dolor y rigidez persistentes en el cuello, dolores de cabeza, dolor en los hombros y en la parte superior de la espalda, dolor o entumecimiento y hormigueo en los brazos, mareos o problemas de equilibrio, fatiga y trastornos del sueño, dificultades cognitivas, y mayor sensibilidad al dolor.
Debido al impacto significativo que el WAD crónico puede tener en las personas, las familias y la sociedad en general, se han realizado numerosas investigaciones destinadas a comprender mejor estas lesiones con la esperanza de prevenir el dolor y la discapacidad a largo plazo. En particular, la visión está empezando a cambiar: se está pasando de considerar el WAD como el resultado de una simple lesión de tejidos blandos a una afección más compleja que afecta al sistema nervioso, donde la continua inflamación en los tejidos nerviosos y sus alrededores puede seguir provocando dolor mucho después de la lesión inicial.
La aceleración y desaceleración repentinas de la cabeza y el cuello que caracterizan el latigazo cervical pueden ejercer una tensión repentina sobre los tejidos cervicales, incluyendo las articulaciones, los músculos, los ligamentos, y los tendones. En respuesta a ello, el cuerpo inicia un proceso inflamatorio, liberando mensajeros químicos que ayudan a coordinar la curación. Estas señales inflamatorias también pueden afectar a los nervios cercanos, aumentando su sensibilidad y alterando la forma en que transmiten las señales.
A corto plazo, esta respuesta es normal y forma parte de la recuperación. Sin embargo, si la afección no se trata eficazmente, este estado de hipersensibilidad puede persistir. La irritación continuada del sistema nervioso puede amplificar las señales de dolor y contribuir a una mayor sensibilidad con el tiempo, un proceso conocido como sensibilización central. Como resultado, estímulos que normalmente no serían dolorosos pueden comenzar a producir dolor, y los síntomas pueden persistir incluso después de que la lesión original haya sanado en gran medida.
Los pacientes con signos de sensibilización suelen requerir un tratamiento más integral—que aborde tanto los tejidos físicos como el sistema nervioso. El tratamiento puede incluir terapias manuales y modalidades terapéuticas, ejercicios específicos y una reincorporación gradual a la actividad normal, así como la educación del paciente para fomentar expectativas positivas de recuperación. En algunos casos, también se pueden incluir estrategias adicionales destinadas a reducir la inflamación, como ajustes dietéticos, como parte de un plan más amplio e individualizado.

